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Para la noche, se espera que anuncien una baja en la sensación térmica y una ocasional advertencia de caída de granizo.
Hacia el jueves, altas probabilidades de que pronostiquen algunas lluvias y lloviznas con leves menciones sobre el viento éste.
Y para la tarde-noche se espera en los anuncios errores de sintaxis tenues, mejorando hacia el final del discurso.
Hermanos Bladimir recomienda meter todo en bolsas y apagar el televisor.
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martes, 15 de diciembre de 2009
El Detective Bonus Track presenta: Embotellamiento Crucial [Sexta Parte]
En el capítulo anterior:
Bonus Track llegó a Londres para detener a una temible mafia rusa y salvar a una agente inocente (si no me creés leete Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte, Cuarta Parte, Quinta Parte y después me contás). Él, Sherlock Holmes, Nicolás Repetto y Tucán Sin Alas deberán actuar rápidamente si no quieren que esta historia dure más allá de esta sexta parte. Todo depende de ellos.
Desperté mareado, con dolor en la cabeza, y más tarde se unieron dolores en los brazos y las piernas. Lo primero que vi fue Nicolás Repetto, amarrado a una silla y amordazado, y me supuse en la misma condición. Enfoqué mejor la vista y alcancé a ver a Sherlock Holmes en otra silla. Ambos parecían inconcientes. Más ahora, que se los veía peligrosamente atados. Me tomé unos segundos para relajarme e interpretar concientemente todo lo que había a mi alrededor.
Estábamos en una habitación cerrada. En un rincón descansaban mi mochila, mi arma y lo que reconocí como objetos personales de mis compañeros. En el rincón opuesto, un televisor apagado. Y ya que estamos, un frío sudor recorrió mi frente. Aquí bien cabe aclarar que el colmo de un herrero es tener un hijo tras las rejas. Sin más preámbulos, desperté con gritos suaves a mis dos compañeros.
- Nicolás, despertate.
- Mmm… no quiero ir a Sábado Bus, mamá. Son todos los programas iguales.
- ¡Nico, reaccioná!
- Uh… ¿dónde estamos?
- No sé… ¡Sherlock!
Cuando el detective inglés despertó, su cabeza comenzó a funcionar a toda prisa.
- A ver, pensemos – decía como para sí. – La luz que entra por la ventana es muy tímida, seguro que seguimos en Londres, y para mí que mañana graniza. Aparte de eso, debe haber viento leve del sector sur, mejorando hacia la tarde noche…
- Sherlock, enfoquémonos en salir de acá, ¿sí?
- Perdón. ¿Ven la sombra que produce el pie de esa lámpara sobre el piso y la pared? Si en verdad seguimos en Londres, esto indica que deben ser las siete y media aproximadamente. Lo cual significa que ahora mismo están pasando MacGyver por el canal 27. Eso sin duda nos servirá para escapar.
Con cierta dificultad, Repetto se movió con su silla unos centímetros, hasta alcanzar con su pie un polvoriento control remoto que reposaba en el piso. Hábilmente, logró encender el televisor.
- A ver –participó Sherlock-, estás en el canal 15, andá subiendo.
- Uh, esperá que están pasando repeticiones de Son de Fierro, esto sí que no me lo pierdo.
Ni bien llegó la pausa de Son de Fierro, Nicolás cedió a sintonizar MacGyver. Casualmente, el protagonista estaba atado en una habitación y conseguía escapar generando calor al frotar su calzado contra el piso. Pero cuando estábamos por intentarlo, una voz detrás de nosotros nos quitó las esperanzas.
- No se molesten, que no funciona.
Al voltear, vimos al mismísimo Richard Dean Anderson, también atado, y con sus zapatos completamente gastados en la suela. Sin tiempo a ningún otro chiste, se abrió la puerta, entraron dos robustos rusos y se llevaron al actor.
- ¡Les juro que no sé armar reactores nucleares, eran todos efectos especiales! – gritó al tiempo que los tres abandonaban la pieza y cerraban la puerta.
- Cuánto estrés… Che, Sherlock, ¿te quedó algún cigarrillo? – inquirió Nicolás, sacando con dificultad un encendedor de su bolsillo trasero.
- Sos un genio –grité-. Usá el encendedor para quemar las ataduras.
- Eh, sí… ¿Tenés un cigarrillo o no?
Pocos segundos después, los tres nos encontrábamos libres y listos para escapar. Tomamos nuestras pertenencias y salimos con cautela por la única puerta de la habitación. Llegamos a un pasillo, que tenía varias puertas nuevas. Nos separamos para asomarnos por las banderolas y chusmear las habitaciones.
- Acá no está la salida –susurró Nicolás. – Parece que están fajando a MacGyver. A que esta vez no se escapa, jaja.
- Miren esto, hay una maquinaria enorme acá –llamó Sherlock. – Ahí está la botella de Goliat, parece que quieren hacer cientos más. Miles de millones. ¡Millones de miles, por Dios!
- Hey –interrumpí- ¿esa no es la agente encubierta?
Los otros dos acudieron y entramos a la habitación en cuestión. La desatamos y le preguntamos por la salida. Ella nos mostró un plano hidráulico que había en la pieza, que nos guió para salir utilizando un caño de desagüe. Ya en la calle, paramos un taxi.
- Speed up, please. Hurry up!
- ¿Querés Seven Up, también? – ironizó el conductor, que resultó ser Tucán Sin Alas.
- Genial, veo que tienen todo planeado –festejó la agente.
- Eh… sí –contestó Tucán, quien todavía estaba resultando ser -. Por lo menos en cuanto al laburo. ¿A dónde vamos?
- Esperá –dije-. ¿Vos todavía tenés la botella de Goliat? ¿La tenés acá con vos?
- Sí, las calles de Londres están muy inseguras. Con decirte que ya me crucé a varios locos que transitan por la izquierda.
- Ja, no me digas que lo viste a Marx, a Fidel, a Nixon…
- Callate, Nico. ¡Entonces vamos a por los Rusos! Y apagá el relojito, que nadie te va a pagar.
Al poco tiempo ya teníamos un plan conciso. Mi brillante mente vinculó la bebida mortal con los planos hídricos del edificio, de modo que bastó con que Tucán Sin Alas y la mujer treparan a los techos, dieran con los tanques de aprovisionamiento acuífero y vaciaran allí todo el contenido letal de la botella. Ellos dos, Holmes, y yo esperamos algunas horas para luego ingresar.
El logro había sido notable. En la cocina descansaban los demacrados cadáveres de decenas de rusos. Nuestro éxito comenzaba a mostrarse.
- Bien, parece que finalmente acabamos con la poderosísima y temibilísima Mafia Rusa –concluyó Tucán Sin Alas.
- Esperá –advirtió la agente-, ¿en la Primera Parte de esta historia no habías dicho que la mafia era francesa?
- Ah, eso ya no tiene nada que ver conmigo. Eso lo tenés que hablar con el departamento de Redacción de Bladimir Producciones.
Sherlock Holmes se unió a nosotros con la recuperada última botella de Goliat lima-limón concentrada en sus brazos.
- De no ser por nosotros, estos rusos hubieran comenzado una terrible producción en serie.
- Claro, sí, no es joda.
Antes de que pudiera disfrutar mi propio chiste y regocijarme por él, asomó un grupo de rusos sobrevivientes que disparó hacia nosotros indiscriminadamente. Todos salimos corriendo hacia el taxi, donde nos esperaba, con el motor en marcha, Nicolás Repetto.
- ¡Uh, pintó bardo, suban que vamos!
- ¡Dale, arrancá!
- ¡Cómo pudo ser, deberían haber muerto todos!
- Qué idiotas fuimos, acá los planos señalan que en el cuarto piso hay un dispénser de agua frío-caliente a bidón, totalmente independiente de la red.
- Ja, los que hacen “bglouub”.
- Callate y manejá, que parece que nos siguen.
- Garrón, che, nos quedamos sin nafta.
- Y sin balas –acotó Tucán.
- Y sin lectores, la mayoría abandonó poco después de lo de MacGyver.
- ¿Pueden concentrarse? Creo que estoy herido –gruñó Sherlock. – Hagan una cosa, bájense del auto y sigan sin mí. Yo voy a tratar de detenerlos con la poca nafta y la poca salud que me quedan. Tienen que seguir derecho por esta calle. Aghh. Van a ver una plaza. Ahí nomás a la izquierda ahgg… a la izquierda está la estación de subte Plaza de Los Virreyes, que los va a llevar a casa. Apúrense, no tienen mucho tiempo.
- Quién hubiera dicho que Plaza de Los Virreyes no era un invento de los mapas…
Los cuatro bajamos y comenzamos a correr. Pudimos observar cómo Sherlock Holmes tomaba el volante, lo pasaba a gas, doblaba a su derecha y desaparecía de nuestra vista, dejando a los rusos detrás de nosotros.
- ¡Por eso lo dejé! – gritó un deslucido y linyera Watson, un poco venido abajo, cartón de Little Grape en mano. - ¡Siempre hace lo mismo, pasa que claro, Conan Doyle ésta no te la cuenta! ¡Alto garca sos, Sherlock! - Mientras su mano nos intentaba extender el vino y su brazo se negaba, se ahogó en suspiros que combinaban risa y llanto.
- Ah, parece que el chiste que rige esta historia es que los famosos estén siempre en la mala… -observé.
No quedó más que correr a toda prisa, aprovechando un oportuno “cambio de onda verde”, hasta dar con la plaza.
- ¡Miren, ahí está la estación, vamos! –jadeó Tucán.
- ¡Esperenmé un minuto! –jodió Nicolás. – Ahí hay una de esas cabinas de teléfono como las de la propaganda. Tengo que sacarme una foto con eso.
- Eh… mejor a la vuelta, ¿sí?
Saltamos los molinetes y llegamos a los andenes. Allí había, estacionada y con sus puertas abiertas, una formación.
- Nicolás, ¿podrás conducir esto?
- Trabajé durante algún tiempo de maquinista con los subtes de la línea C. Durante veinte años si mal no recuerdo. Pero es otra cosa, son otros vagones, otros motores... la palanca de éste es un poco más alta, y tiene una pequeña bola en la punta, no creo que pueda lograrlo.
- Me temo que no hay otra alternativa –dijo Tucán Sin Alas, blandiendo ahora su nociva botella. - ¡¡Afuera todo el mundo, salgan todos de este tren!!
Repetto tomó posición en la cabina. Se lo veía extremadamente nervioso. Miraba los cinco botones, la palanca, y se tomaba la cabeza con sus manos. Luego repetía la acción.
- ¡Rápido, ahí vienen!
- ¡Cerrá las puertas, Nico!
- Sí, creo que ya lo tengo. Uh, no, es el sapito.
- Dale, los tenemos encima.
- Ya está… qué boludo, el sapito otra vez. Esto es muy complicado, no voy a lograrlo.
- Córranse de la puerta – tercié. – Tengo unos explosivos en la mochila, tirá unas gotas de Goliat en la mecha y con eso los retengo un rato.
- Con cuidado.
- ¡Al piso todos!
La explosión detuvo a algunos rusos, pero otros siguieron avanzando hacia nosotros. Dos hombres ya estaban por entrar al tercer vagón, quizás siempre el más codiciado, cuando Repetto hizo sonar la alarma de las puertas, intimidándolos a no ingresar a la formación. Durante dos minutos sonó la alarma, hasta que nuestro conductor dio con el cierre de puertas, y luego logró ponerlo en marcha.
- ¡Sí, lo estoy haciendo! ¡Grandioso! ¡¡Esto es sin duda lo más complejo que he conducido en toda mi vida!!
El ruido ensordecedor del subte lidiando con las vías obligó a los rusos a taparse los oídos, cesando así el fuego. La velocidad fue subiendo, y pronto habíamos abandonado por completo la estación. Estábamos a salvo.
- Che, ¿y la botella? Todavía queda una botella, ¿no?
- El subte es el mejor destino para ella –reflexionó sabiamente Tucán Sin Alas.- Así es, la esconderemos en la caja del motor. Total, pasarán siglos hasta que Mantenimiento de Metrovías revise el funcionamiento de alguno de los trenes de la línea E.
Nicolás conducía desde la cabina, se lo veía contento. Hablaba por celular con mucha alegría, al parecer Canal 13 finalmente volvía a ofrecerle un trabajo para el verano. Tucán Sin Alas, hablaba entretenidamente con su compañera de operación. Ambos estaban relajados, con el gran alivio de haber terminado algo que parecía interminable.
Yo también estaba contento, y muy pensativo. Nuestra hazaña había sido magnífica, y estaba claro que el mundo debía conocerla. Tomé una pluma y unas hojas y me puse a pensar en cómo todo había comenzado. Y entonces empezaron a brotar de la pluma, una por una, las primeras palabras de lo que sin duda sería un sensacional texto:
"Martes, 23 de diciembre. 8:30 p.m.. Día lluvioso. Bajón de salchichas con mostaza en mi apartamento. El teléfono suena."
Fin
Bonus Track llegó a Londres para detener a una temible mafia rusa y salvar a una agente inocente (si no me creés leete Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte, Cuarta Parte, Quinta Parte y después me contás). Él, Sherlock Holmes, Nicolás Repetto y Tucán Sin Alas deberán actuar rápidamente si no quieren que esta historia dure más allá de esta sexta parte. Todo depende de ellos.
Desperté mareado, con dolor en la cabeza, y más tarde se unieron dolores en los brazos y las piernas. Lo primero que vi fue Nicolás Repetto, amarrado a una silla y amordazado, y me supuse en la misma condición. Enfoqué mejor la vista y alcancé a ver a Sherlock Holmes en otra silla. Ambos parecían inconcientes. Más ahora, que se los veía peligrosamente atados. Me tomé unos segundos para relajarme e interpretar concientemente todo lo que había a mi alrededor.
Estábamos en una habitación cerrada. En un rincón descansaban mi mochila, mi arma y lo que reconocí como objetos personales de mis compañeros. En el rincón opuesto, un televisor apagado. Y ya que estamos, un frío sudor recorrió mi frente. Aquí bien cabe aclarar que el colmo de un herrero es tener un hijo tras las rejas. Sin más preámbulos, desperté con gritos suaves a mis dos compañeros.
- Nicolás, despertate.
- Mmm… no quiero ir a Sábado Bus, mamá. Son todos los programas iguales.
- ¡Nico, reaccioná!
- Uh… ¿dónde estamos?
- No sé… ¡Sherlock!
Cuando el detective inglés despertó, su cabeza comenzó a funcionar a toda prisa.
- A ver, pensemos – decía como para sí. – La luz que entra por la ventana es muy tímida, seguro que seguimos en Londres, y para mí que mañana graniza. Aparte de eso, debe haber viento leve del sector sur, mejorando hacia la tarde noche…
- Sherlock, enfoquémonos en salir de acá, ¿sí?
- Perdón. ¿Ven la sombra que produce el pie de esa lámpara sobre el piso y la pared? Si en verdad seguimos en Londres, esto indica que deben ser las siete y media aproximadamente. Lo cual significa que ahora mismo están pasando MacGyver por el canal 27. Eso sin duda nos servirá para escapar.
Con cierta dificultad, Repetto se movió con su silla unos centímetros, hasta alcanzar con su pie un polvoriento control remoto que reposaba en el piso. Hábilmente, logró encender el televisor.
- A ver –participó Sherlock-, estás en el canal 15, andá subiendo.
- Uh, esperá que están pasando repeticiones de Son de Fierro, esto sí que no me lo pierdo.
Ni bien llegó la pausa de Son de Fierro, Nicolás cedió a sintonizar MacGyver. Casualmente, el protagonista estaba atado en una habitación y conseguía escapar generando calor al frotar su calzado contra el piso. Pero cuando estábamos por intentarlo, una voz detrás de nosotros nos quitó las esperanzas.
- No se molesten, que no funciona.
Al voltear, vimos al mismísimo Richard Dean Anderson, también atado, y con sus zapatos completamente gastados en la suela. Sin tiempo a ningún otro chiste, se abrió la puerta, entraron dos robustos rusos y se llevaron al actor.
- ¡Les juro que no sé armar reactores nucleares, eran todos efectos especiales! – gritó al tiempo que los tres abandonaban la pieza y cerraban la puerta.
- Cuánto estrés… Che, Sherlock, ¿te quedó algún cigarrillo? – inquirió Nicolás, sacando con dificultad un encendedor de su bolsillo trasero.
- Sos un genio –grité-. Usá el encendedor para quemar las ataduras.
- Eh, sí… ¿Tenés un cigarrillo o no?
Pocos segundos después, los tres nos encontrábamos libres y listos para escapar. Tomamos nuestras pertenencias y salimos con cautela por la única puerta de la habitación. Llegamos a un pasillo, que tenía varias puertas nuevas. Nos separamos para asomarnos por las banderolas y chusmear las habitaciones.
- Acá no está la salida –susurró Nicolás. – Parece que están fajando a MacGyver. A que esta vez no se escapa, jaja.
- Miren esto, hay una maquinaria enorme acá –llamó Sherlock. – Ahí está la botella de Goliat, parece que quieren hacer cientos más. Miles de millones. ¡Millones de miles, por Dios!
- Hey –interrumpí- ¿esa no es la agente encubierta?
Los otros dos acudieron y entramos a la habitación en cuestión. La desatamos y le preguntamos por la salida. Ella nos mostró un plano hidráulico que había en la pieza, que nos guió para salir utilizando un caño de desagüe. Ya en la calle, paramos un taxi.
- Speed up, please. Hurry up!
- ¿Querés Seven Up, también? – ironizó el conductor, que resultó ser Tucán Sin Alas.
- Genial, veo que tienen todo planeado –festejó la agente.
- Eh… sí –contestó Tucán, quien todavía estaba resultando ser -. Por lo menos en cuanto al laburo. ¿A dónde vamos?
- Esperá –dije-. ¿Vos todavía tenés la botella de Goliat? ¿La tenés acá con vos?
- Sí, las calles de Londres están muy inseguras. Con decirte que ya me crucé a varios locos que transitan por la izquierda.
- Ja, no me digas que lo viste a Marx, a Fidel, a Nixon…
- Callate, Nico. ¡Entonces vamos a por los Rusos! Y apagá el relojito, que nadie te va a pagar.
Al poco tiempo ya teníamos un plan conciso. Mi brillante mente vinculó la bebida mortal con los planos hídricos del edificio, de modo que bastó con que Tucán Sin Alas y la mujer treparan a los techos, dieran con los tanques de aprovisionamiento acuífero y vaciaran allí todo el contenido letal de la botella. Ellos dos, Holmes, y yo esperamos algunas horas para luego ingresar.
El logro había sido notable. En la cocina descansaban los demacrados cadáveres de decenas de rusos. Nuestro éxito comenzaba a mostrarse.
- Bien, parece que finalmente acabamos con la poderosísima y temibilísima Mafia Rusa –concluyó Tucán Sin Alas.
- Esperá –advirtió la agente-, ¿en la Primera Parte de esta historia no habías dicho que la mafia era francesa?
- Ah, eso ya no tiene nada que ver conmigo. Eso lo tenés que hablar con el departamento de Redacción de Bladimir Producciones.
Sherlock Holmes se unió a nosotros con la recuperada última botella de Goliat lima-limón concentrada en sus brazos.
- De no ser por nosotros, estos rusos hubieran comenzado una terrible producción en serie.
- Claro, sí, no es joda.
Antes de que pudiera disfrutar mi propio chiste y regocijarme por él, asomó un grupo de rusos sobrevivientes que disparó hacia nosotros indiscriminadamente. Todos salimos corriendo hacia el taxi, donde nos esperaba, con el motor en marcha, Nicolás Repetto.
- ¡Uh, pintó bardo, suban que vamos!
- ¡Dale, arrancá!
- ¡Cómo pudo ser, deberían haber muerto todos!
- Qué idiotas fuimos, acá los planos señalan que en el cuarto piso hay un dispénser de agua frío-caliente a bidón, totalmente independiente de la red.
- Ja, los que hacen “bglouub”.
- Callate y manejá, que parece que nos siguen.
- Garrón, che, nos quedamos sin nafta.
- Y sin balas –acotó Tucán.
- Y sin lectores, la mayoría abandonó poco después de lo de MacGyver.
- ¿Pueden concentrarse? Creo que estoy herido –gruñó Sherlock. – Hagan una cosa, bájense del auto y sigan sin mí. Yo voy a tratar de detenerlos con la poca nafta y la poca salud que me quedan. Tienen que seguir derecho por esta calle. Aghh. Van a ver una plaza. Ahí nomás a la izquierda ahgg… a la izquierda está la estación de subte Plaza de Los Virreyes, que los va a llevar a casa. Apúrense, no tienen mucho tiempo.
- Quién hubiera dicho que Plaza de Los Virreyes no era un invento de los mapas…
Los cuatro bajamos y comenzamos a correr. Pudimos observar cómo Sherlock Holmes tomaba el volante, lo pasaba a gas, doblaba a su derecha y desaparecía de nuestra vista, dejando a los rusos detrás de nosotros.
- ¡Por eso lo dejé! – gritó un deslucido y linyera Watson, un poco venido abajo, cartón de Little Grape en mano. - ¡Siempre hace lo mismo, pasa que claro, Conan Doyle ésta no te la cuenta! ¡Alto garca sos, Sherlock! - Mientras su mano nos intentaba extender el vino y su brazo se negaba, se ahogó en suspiros que combinaban risa y llanto.
- Ah, parece que el chiste que rige esta historia es que los famosos estén siempre en la mala… -observé.
No quedó más que correr a toda prisa, aprovechando un oportuno “cambio de onda verde”, hasta dar con la plaza.
- ¡Miren, ahí está la estación, vamos! –jadeó Tucán.
- ¡Esperenmé un minuto! –jodió Nicolás. – Ahí hay una de esas cabinas de teléfono como las de la propaganda. Tengo que sacarme una foto con eso.
- Eh… mejor a la vuelta, ¿sí?
Saltamos los molinetes y llegamos a los andenes. Allí había, estacionada y con sus puertas abiertas, una formación.
- Nicolás, ¿podrás conducir esto?
- Trabajé durante algún tiempo de maquinista con los subtes de la línea C. Durante veinte años si mal no recuerdo. Pero es otra cosa, son otros vagones, otros motores... la palanca de éste es un poco más alta, y tiene una pequeña bola en la punta, no creo que pueda lograrlo.
- Me temo que no hay otra alternativa –dijo Tucán Sin Alas, blandiendo ahora su nociva botella. - ¡¡Afuera todo el mundo, salgan todos de este tren!!
Repetto tomó posición en la cabina. Se lo veía extremadamente nervioso. Miraba los cinco botones, la palanca, y se tomaba la cabeza con sus manos. Luego repetía la acción.
- ¡Rápido, ahí vienen!
- ¡Cerrá las puertas, Nico!
- Sí, creo que ya lo tengo. Uh, no, es el sapito.
- Dale, los tenemos encima.
- Ya está… qué boludo, el sapito otra vez. Esto es muy complicado, no voy a lograrlo.
- Córranse de la puerta – tercié. – Tengo unos explosivos en la mochila, tirá unas gotas de Goliat en la mecha y con eso los retengo un rato.
- Con cuidado.
- ¡Al piso todos!
La explosión detuvo a algunos rusos, pero otros siguieron avanzando hacia nosotros. Dos hombres ya estaban por entrar al tercer vagón, quizás siempre el más codiciado, cuando Repetto hizo sonar la alarma de las puertas, intimidándolos a no ingresar a la formación. Durante dos minutos sonó la alarma, hasta que nuestro conductor dio con el cierre de puertas, y luego logró ponerlo en marcha.
- ¡Sí, lo estoy haciendo! ¡Grandioso! ¡¡Esto es sin duda lo más complejo que he conducido en toda mi vida!!
El ruido ensordecedor del subte lidiando con las vías obligó a los rusos a taparse los oídos, cesando así el fuego. La velocidad fue subiendo, y pronto habíamos abandonado por completo la estación. Estábamos a salvo.
- Che, ¿y la botella? Todavía queda una botella, ¿no?
- El subte es el mejor destino para ella –reflexionó sabiamente Tucán Sin Alas.- Así es, la esconderemos en la caja del motor. Total, pasarán siglos hasta que Mantenimiento de Metrovías revise el funcionamiento de alguno de los trenes de la línea E.
Nicolás conducía desde la cabina, se lo veía contento. Hablaba por celular con mucha alegría, al parecer Canal 13 finalmente volvía a ofrecerle un trabajo para el verano. Tucán Sin Alas, hablaba entretenidamente con su compañera de operación. Ambos estaban relajados, con el gran alivio de haber terminado algo que parecía interminable.
Yo también estaba contento, y muy pensativo. Nuestra hazaña había sido magnífica, y estaba claro que el mundo debía conocerla. Tomé una pluma y unas hojas y me puse a pensar en cómo todo había comenzado. Y entonces empezaron a brotar de la pluma, una por una, las primeras palabras de lo que sin duda sería un sensacional texto:
"Martes, 23 de diciembre. 8:30 p.m.. Día lluvioso. Bajón de salchichas con mostaza en mi apartamento. El teléfono suena."
Fin
miércoles, 25 de noviembre de 2009
El Detective Bonus Track presenta: Embotellamiento Crucial [Quinta Parte]
Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte
Cuarta Parte
Gran parte del armamento ha sido destruido con éxito. Sólo quedan dos botellas, dando vueltas en algún rincón de Londres.
Yo ya ingresé a tal ciudad, aunque no fue tarea fácil. Ni bien me acercaba a las costas, Inglaterra me recibió con el ambiente festivo correspondiente al año nuevo, con lo que varias cañitas voladoras agujerearon la lona de mi paracaídas. Estaba yo pensando en el fin de mi existencia cuando me invadieron la decepción hacia la sociedad inglesa y la esperanza de sobrevivir simultáneamente, al ver uno de esos globos con fuego que se usan en los festejos precarios. Con él pude hacer un aterrizaje de emergencia, y pronto conseguí una habitación en un albergue transitorio. Logré instalar un escritorio, una lámpara, un sillón muy cómodo al momento de sentarse a pensar, y con esto pude re-alquilárselo a un escribano medio forro, pero que paga bien. Aún nada sé del prófugo ruso, o de la agente, o de Tucán Sin Alas, o de Biología de tercer año.
Volveré a escribir.
Acordate de alimentar a Coli.
Bonus Track
Tras escribir estas líneas, le mandé el papel por correo a mi mensajero personal, adjuntando una foto del sospechoso ruso y un powerpoint sobre lo bella que es la vida. Parece gracioso, pero si no se lo mandaba a más de diez personas me iba a caer una maldición bastante jodida. Conseguí, gracias a mi elaborado manejo del inglés y al término de las fechas festivas, pirotecnia a mitad de precio, con la que luego tramaría ciertas armas caseras. Después de intentar distintas combinaciones entre los petardos, tres tiros y chasquibunes, comprendí que mis conocimientos sobre explosivos eran más básicos que la enseñanza en un acelerado, y me conformé con juntar toda la pólvora en una bolsa y enchufarle una mecha.
Por otro lado, descubrí que los ingleses son muy antipáticos con los argentinos, pero muy amables con sus compatriotas. De modo que aproveché que, por error, tenía el documento de Sherlock Holmes (estaban en la billetera que yo le había robado), le pegué mi foto y tomé su identidad. Esto no fue nada fácil teniendo en cuenta lo complicado que es por allí conseguir uno de esos gorros con doble visera, a bajo costo. Cuando finalmente me encontré en condiciones (resignado), me dirigí a una estación policial para pedir información sobre los mafiosos rusos.
- Hello, I am Sherlock Holmes.
- Good evening... ehh I'm sorry, you don't look like him...
- What? - pregunté con un solo signo de interrogación.
- You don't look like him!
- Yes, I like gym very much… Gin tonic - agregué para amenizar.- And Jim Morrison.
- Ok, but…
- And my jeans.
- Ok, where are you from?
- Eh... ¿qué la agitás? - intenté recurriendo a mi español coloquial.
- Así que sos Sherlock Holmes. Vení para acá, pelotudo -también recurrió a mi español coloquial.
Por lo general las conversaciones demasiado largas me aburren, y ésta no fue la excepción. No porque fuera aburrida, sino que no fue nada larga, ya que ahí mismo decidieron llevarme entre uno a la calle.
- ¡Les juro que soy Sherlock Holmes! - orgullé ni bien me puse nuevamente de pie.
- Perdón por la desconfianza, pero se me hace difícil de creer -dijo una voz detrás mío.
Al darme vuelta vi a una mujer alta, de cabellos rubios, sonrisa amplia, que llevaba unos zapatos de taco y un sombrero igualmente azules. Pero no había sido ella quien había hablado, sino el mismísimo Sherlock Holmes, acompañado por Nicolás Repetto. Ambos se encontraban allí impecables, pero empapados.
- ¿Cómo llegaron hasta acá? - pregunté.- Pensé que habían muerto.
- Tuvimos que nadar un largo trecho - respondió Holmes.
- De todos modos eso no explica que estén mojados... la costa más cercana está a kilómetros de acá.
- No, pasa que recién salimos de la pelopincho.
- ¿Cómo hicieron para no morir cuando se hundió el barco?
- Digamos que como conductor no es la primera vez que me hundo - contestó Nicolás Repetto.
- Estábamos peleándonos bajo el agua por la mochila, cuando astutamente observé que había un submarino estacionado, y el dueño lo había dejado con las puertas abiertas y las llaves adentro.
- Claro que manejar un submarino no tiene nada que ver con el timoncito del barco. Y cuando empecé a tomarle la mano, ya habíamos chocado con un iceberg.
- Lo malo de los icebergs es que son traidores, -dijo con experiencia Sherlock- porque si bien uno debajo del agua ve una gran masa de hielo, hay un séptimo por sobre el agua que uno no llega a ver, y sólo vimos los seis séptimos restantes.
- Esta bien, ya entendí - interrumpí. – Ahora ¿qué les parece si buscamos a Tucán Sin Alas, arrestamos a los rusos y etcétera?
- Bueno, está bien -cedió Holmes.- ¿Qué tenés hasta el momento?
- [Espacio para chiste sin utilizar] Estoy tratando de sacarle información a la policía, pero no me dicen nada. Probá vos, seguro que a vos sí te escuchan.
- Sí, a ver, vamos.
- Vayan ustedes, yo ya no puedo volver a entrar ahí.
Fingí interesarme por un letrero que por allí había y, con los oídos abiertos, escuché la conversación.
- Excuse me -decía la voz de Sherlock Holmes-, do you know anything about the two guys that came into England over the air, in parachutes?
- Oh, yes, er... but they were not parachutes. They came flying, a parachute cannot fly.
- ¿Qué dice? -terciaba Nicolás.
- Eh, a ver, fly quiere decir mosca...
- ¿Vos decís que está pidiendo guita?
- Y, no sé, puede ser. Ehh, fly... how much fly?
- I'm not sure, many hundreds of metres.
- Sí, habla de plata, quiere cientos de Mitres
- Qué caradura, y después nos dicen a los argentinos… Mejor que vaya bajando un poquito las expectativas. ¿Vos cuánto tenés?
- Uh, no sé dónde dejé mi billetera. ¿Tenés algo?
- Estas monedas... y dos cigarrillos... eh, un cigarrillo -se corrigió. - ¿Para vos alcanza?
- Sí, con un cigarrillo me conformo.
- No, nabo, si creés que alcanza para él.
- Me parece que nos quedamos cortos.
- Bueno, problema suyo. -Repetto parecía enojado.- ¿Querés fly? Acá tenés la fly, ¿ahora podés decirnos dónde está Tucán Sin Alas?
Pocos segundos después Holmes y Repetto, decepcionados, se unieron a mí.
- No me dijiste que sabías ruso - comentó al pasar Sherlock, señalando el letrero que yo fingía leer.
Al darle una segunda mirada al cartel, pude confirmar que no estaba en inglés; efectivamente debía ser ruso. Ninguno de los tres pudo descifrar una sola palabra, a pesar de haber resuelto cada uno varias plazas de papel en nuestras respectivas vidas y algún sudoku. Sí en cambio pudimos identificar una dirección y un teléfono que descansaban al final de la nota.
- Esto no puede ser una coincidencia -dije de repente-. Me parece, muchachos, que acabamos de encontrar finalmente una respuesta.
Y me desmayé al tiempo que sentí un terrible dolor en la cabeza.
¿Qué fue ese dolor y ese desmayo repentino? ¿Qué mierda habrá pasado? ¿Llegará a algo esta historia? ¿Y cuál es el colmo de un herrero? No se pierda la próxima y última parte (chupate esa mandarina, Octavio Landia), por Hermanos Bladimir.
Segunda Parte
Tercera Parte
Cuarta Parte
Gran parte del armamento ha sido destruido con éxito. Sólo quedan dos botellas, dando vueltas en algún rincón de Londres.
Yo ya ingresé a tal ciudad, aunque no fue tarea fácil. Ni bien me acercaba a las costas, Inglaterra me recibió con el ambiente festivo correspondiente al año nuevo, con lo que varias cañitas voladoras agujerearon la lona de mi paracaídas. Estaba yo pensando en el fin de mi existencia cuando me invadieron la decepción hacia la sociedad inglesa y la esperanza de sobrevivir simultáneamente, al ver uno de esos globos con fuego que se usan en los festejos precarios. Con él pude hacer un aterrizaje de emergencia, y pronto conseguí una habitación en un albergue transitorio. Logré instalar un escritorio, una lámpara, un sillón muy cómodo al momento de sentarse a pensar, y con esto pude re-alquilárselo a un escribano medio forro, pero que paga bien. Aún nada sé del prófugo ruso, o de la agente, o de Tucán Sin Alas, o de Biología de tercer año.
Volveré a escribir.
Acordate de alimentar a Coli.
Bonus Track
Tras escribir estas líneas, le mandé el papel por correo a mi mensajero personal, adjuntando una foto del sospechoso ruso y un powerpoint sobre lo bella que es la vida. Parece gracioso, pero si no se lo mandaba a más de diez personas me iba a caer una maldición bastante jodida. Conseguí, gracias a mi elaborado manejo del inglés y al término de las fechas festivas, pirotecnia a mitad de precio, con la que luego tramaría ciertas armas caseras. Después de intentar distintas combinaciones entre los petardos, tres tiros y chasquibunes, comprendí que mis conocimientos sobre explosivos eran más básicos que la enseñanza en un acelerado, y me conformé con juntar toda la pólvora en una bolsa y enchufarle una mecha.
Por otro lado, descubrí que los ingleses son muy antipáticos con los argentinos, pero muy amables con sus compatriotas. De modo que aproveché que, por error, tenía el documento de Sherlock Holmes (estaban en la billetera que yo le había robado), le pegué mi foto y tomé su identidad. Esto no fue nada fácil teniendo en cuenta lo complicado que es por allí conseguir uno de esos gorros con doble visera, a bajo costo. Cuando finalmente me encontré en condiciones (resignado), me dirigí a una estación policial para pedir información sobre los mafiosos rusos.
- Hello, I am Sherlock Holmes.
- Good evening... ehh I'm sorry, you don't look like him...
- What? - pregunté con un solo signo de interrogación.
- You don't look like him!
- Yes, I like gym very much… Gin tonic - agregué para amenizar.- And Jim Morrison.
- Ok, but…
- And my jeans.
- Ok, where are you from?
- Eh... ¿qué la agitás? - intenté recurriendo a mi español coloquial.
- Así que sos Sherlock Holmes. Vení para acá, pelotudo -también recurrió a mi español coloquial.
Por lo general las conversaciones demasiado largas me aburren, y ésta no fue la excepción. No porque fuera aburrida, sino que no fue nada larga, ya que ahí mismo decidieron llevarme entre uno a la calle.
- ¡Les juro que soy Sherlock Holmes! - orgullé ni bien me puse nuevamente de pie.
- Perdón por la desconfianza, pero se me hace difícil de creer -dijo una voz detrás mío.
Al darme vuelta vi a una mujer alta, de cabellos rubios, sonrisa amplia, que llevaba unos zapatos de taco y un sombrero igualmente azules. Pero no había sido ella quien había hablado, sino el mismísimo Sherlock Holmes, acompañado por Nicolás Repetto. Ambos se encontraban allí impecables, pero empapados.
- ¿Cómo llegaron hasta acá? - pregunté.- Pensé que habían muerto.
- Tuvimos que nadar un largo trecho - respondió Holmes.
- De todos modos eso no explica que estén mojados... la costa más cercana está a kilómetros de acá.
- No, pasa que recién salimos de la pelopincho.
- ¿Cómo hicieron para no morir cuando se hundió el barco?
- Digamos que como conductor no es la primera vez que me hundo - contestó Nicolás Repetto.
- Estábamos peleándonos bajo el agua por la mochila, cuando astutamente observé que había un submarino estacionado, y el dueño lo había dejado con las puertas abiertas y las llaves adentro.
- Claro que manejar un submarino no tiene nada que ver con el timoncito del barco. Y cuando empecé a tomarle la mano, ya habíamos chocado con un iceberg.
- Lo malo de los icebergs es que son traidores, -dijo con experiencia Sherlock- porque si bien uno debajo del agua ve una gran masa de hielo, hay un séptimo por sobre el agua que uno no llega a ver, y sólo vimos los seis séptimos restantes.
- Esta bien, ya entendí - interrumpí. – Ahora ¿qué les parece si buscamos a Tucán Sin Alas, arrestamos a los rusos y etcétera?
- Bueno, está bien -cedió Holmes.- ¿Qué tenés hasta el momento?
- [Espacio para chiste sin utilizar]
- Sí, a ver, vamos.
- Vayan ustedes, yo ya no puedo volver a entrar ahí.
Fingí interesarme por un letrero que por allí había y, con los oídos abiertos, escuché la conversación.
- Excuse me -decía la voz de Sherlock Holmes-, do you know anything about the two guys that came into England over the air, in parachutes?
- Oh, yes, er... but they were not parachutes. They came flying, a parachute cannot fly.
- ¿Qué dice? -terciaba Nicolás.
- Eh, a ver, fly quiere decir mosca...
- ¿Vos decís que está pidiendo guita?
- Y, no sé, puede ser. Ehh, fly... how much fly?
- I'm not sure, many hundreds of metres.
- Sí, habla de plata, quiere cientos de Mitres
- Qué caradura, y después nos dicen a los argentinos… Mejor que vaya bajando un poquito las expectativas. ¿Vos cuánto tenés?
- Uh, no sé dónde dejé mi billetera. ¿Tenés algo?
- Estas monedas... y dos cigarrillos... eh, un cigarrillo -se corrigió. - ¿Para vos alcanza?
- Sí, con un cigarrillo me conformo.
- No, nabo, si creés que alcanza para él.
- Me parece que nos quedamos cortos.
- Bueno, problema suyo. -Repetto parecía enojado.- ¿Querés fly? Acá tenés la fly, ¿ahora podés decirnos dónde está Tucán Sin Alas?
Pocos segundos después Holmes y Repetto, decepcionados, se unieron a mí.
- No me dijiste que sabías ruso - comentó al pasar Sherlock, señalando el letrero que yo fingía leer.
Al darle una segunda mirada al cartel, pude confirmar que no estaba en inglés; efectivamente debía ser ruso. Ninguno de los tres pudo descifrar una sola palabra, a pesar de haber resuelto cada uno varias plazas de papel en nuestras respectivas vidas y algún sudoku. Sí en cambio pudimos identificar una dirección y un teléfono que descansaban al final de la nota.
- Esto no puede ser una coincidencia -dije de repente-. Me parece, muchachos, que acabamos de encontrar finalmente una respuesta.
Y me desmayé al tiempo que sentí un terrible dolor en la cabeza.
¿Qué fue ese dolor y ese desmayo repentino? ¿Qué mierda habrá pasado? ¿Llegará a algo esta historia? ¿Y cuál es el colmo de un herrero? No se pierda la próxima y última parte (chupate esa mandarina, Octavio Landia), por Hermanos Bladimir.
lunes, 20 de abril de 2009
El Detective Bonus Track presenta: Embotellamiento Crucial [Cuarta Parte]
Comienza en la nota anterior.
Pero mirá qué copados que somos: Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte. Todo a sólo un click de distancia.
Uno de los rusos venía directamente hacia mí. Tuve que dejar la vigilia y acurrucarme contra un extremo para que el ruso no notara mi presencia al esconderse en el mismo bote en el que yo estaba. Ahora sin poder ver nada, me dediqué a escuchar. Afuera todo era silencio, hasta que se escucharon pasos de lo que parecía una mujer con tacos llevando un maletín con el símbolo $ grabado en él; seguidos de una voz de dama.
- Bien, hagamos esto rápido. Creo que algunos pasajeros sospechan algo.
- No tan rápido, -replicó una voz con acento ruso- uno de nuestros compañeros ha desaparecido, y no intercambiaremos nada hasta no saber qué le ha pasado. No sería justo hacer como si nada ocurriera y repartirnos el dinero suyo... Bueno, pero que sea rápido.
- ¿Traen el armamento? -preguntó la mujer.
- Véalo usted misma, cuente las botellas si quiere. ¿Y el dinero?
- Cuéntelo usted mismo.
Durante un momento sólo se escuchó el ruido de monedas en movimiento, hasta que este sonido se detuvo fríamente.
- ¡Esta moneda es falsa! ¡Todas las monedas son falsas! ¡Y este maletín también es falso!
- No se muevan, o les disparo -dijo la voz de Tucán Sin Alas- y además ese razonamiento es una falacia de generalización inductiva. ¡Lo ví en Pensamiento Científico!
- Tirren vuestrras arrmas -interrrrumpió el rrrruso que estaba a mi lado, saliendo del bote.
- Alto -intervine apuntándole a su cabeza.
- Bonus Track, queda detenido -dijo una voz a mis espaldas.
Me volví y allí estaba el mismísimo Sherlock Holmes.
- Ya descubrí quién fue el responsable de la tapadura del inodoro. -se regocijó- ¿Pensaste que podías escaparle a mi ingenio?
- Arroje su arma -dijo entonces la mujer de cabello rojo y nariz prominente-. Que ya no soy sólo un extra.
- Hey, chicos, ¿qué pasa? -dijo Nicolás Repetto, haciéndose presente en la escena- ¿El intercambio no era dentro de dos horas?
- Bah, Nicolás, no tendrías que haber atrasado el reloj. -dijo Tucán Sin Alas- Pero, ¿no deberías estar cuidando al ruso?
- ¡Uh, el ruso! -recordó Repetto.
- Acá estoy -dijo una nueva voz rusa.
- Esperen, -interrumpió la mujer- digan que no salga nadie más, que ya somos como veinte en cubierta y no cabemos.
- ¿Veinte? Nahh, a ver, repasemos: la agente encubierta, Tucán Sin Alas, los tres rusos, Bonus Track, Sherlock Holmes, la pelirroja, Nicolás Repetto, otro ruso más... ¿me falta alguien?
- ¿Y vos?
- Ah, qué boludo... ¿y yo quién soy?
De pronto uno de los rusos tomó una de las botellas de Goliat lima-limón, la destapó y colocó el pico en el cuello de la agente, sosteniéndola con su otro brazo.
- ¡Que todos retrocedan! -bramó- ¡Aquí hay suficiente Goliat como para destrozar el mundo! ¡Aléjense o ella muere!
Pero lo peor ya había ocurrido. El piso había quedado manchado con algunas gotas de gaseosa, y no tardó en oradarse lo suficiente como para desestabilizar el barco. Todo comenzó a sacudirse. Cinco de los rusos se subieron rápidamente a un bote salvavidas, con la valija de monedas. Claro que el bote estaba agujereado y se hundieron al instante. Nicolás Repetto entró en pánico.
- ¡El barco se hunde, hay que liberar peso! -gritó, agarrándose la cabeza.
- ¡Las mujeres y los niños primero! -intervino Tucán, agarrándose un pie.
La mujer pelirroja, en plena histeria, tomó otra de las botellas y la destapó.
- ¡Esto es demasiado para mí! ¡Tendría que haberme quedado con mi papel secundario! -pronunció antes de beber inmoladoramente y explotar.
- ¡Tenemos que salir de acá! -le dije al capitán. - ¡No tenemos mucho tiempo!
- No me grites, boludo, que te tengo al lado. Y acá somos seis, y sólo hay tres paracaídas.
- Yo no puedo morir, -dijo el ruso- porque soy el protagonista de los malos. ¡Y además canté pri!
- Yo no puedo morir -me apuré a decir- porque soy el que escribió esta historia. A propósito, ¿tres paracaídas nada más, en todo el barco? ¡Qué rata!
- Yo tampoco me puedo morir, -terció Repetto- porque... eh... como sea, fue un gusto tenerlos a bordo -se resignó-.
- Yo no me tiro -dijo el inglés-. En Inglaterra tenemos los mejores barcos y sólo un inglés puede manejar bien.
- Yo no me tiro -dijo el ruso-. En Rusia tenemos el frío, y sólo un ruso sabe cómo sobrevivir en invierno.
- Estamos en argentina -remató el argentino Tucán-. Porque asomé la mano y alguien me afanó el reloj.
El ruso tomó uno de los paracaídas y, sin soltar a su rehén, saltó del barco. Comenzó a caer hacia el agua, pero rápidamente se abrió su mochila y el ruso tomó altura, hasta perderse en el horizonte.
- ¡Es imprescindible que la salve! -gritó Tucán-. ¡Su seguro de vida ni a palos cubre esto!
Desenfundó una botella de Goliat, tomó un paracaídas y saltó. Descendió unos centímetros, pero pronto tomó vuelo con el paracaídas y desapareció entre las nubes.
- Este caso me va a llevar a la gloria -limó Sherlock Holmes, quien le arrebató a Nicolás Repetto la tercera mochila y saltó.
- ¡Ése era el último! -desesperé-. Necesito ir con ellos.
- No te preocupes, acá está el paracaídas -canchereó Nicolás, mientras Holmes fracasaba en su huida, hundiéndose-. Ese inglesito de cuarta acaba de saltar con mi mochila... ¡Uh, no, mi mochila! ¡Tengo mis puchos ahí adentro! -y corrió hacia el agua.
- Esperá, -intenté detenerlo- no te podés ir, sos el capitán, sería una falta de repetto.
Pero ya había saltado, y no tardó en sumergirse.
El barco ya estaba totalmente dañado. Todos los pasajeros comenzaban a salir trabajosamente a la cubierta, y jadeantes se dirigían, algunos, hacia mí y hacia el último paracaídas de la nave. Allí estaba el gran y temible armamento avanzado, las siete botellas de un litro de Goliát lima-limón diet concentrada. El armamento estaba donde debía estar, pensé; una vez hundido, el agua y los restos del barco, como también los pasajeros, amortiguarían la eventual explosión. Tomé el último paracaídas, y caminé hasta el borde del barco, ajustándome el equipo. Muchas personas morirían en los próximos minutos, no cabía duda. Pero cuántas personas habrían muerto si aquella carga inflamable, en lugar de destruirse en el océano, hubiera quedado en las manos equivocadas. Di un paso hacia adelante y tiré de la pequeña soga. El paracaídas se abrió y pronto comencé a elevarme. Fue un éxito costoso, pero un éxito al fin. Voltee y ya nada pude ver del barco. Tan sólo pude oir un bramido del agua, quien se quejaba ruidosamente de tanta violencia y crueldad humana. Sólo quedaba pensar en las costas de Londres, y en mi propia paga.
¿Habrá terminado la historia, o será éste el principio del fin, o acaso el fin del principio? ¿Podrá Bonus Track rescatar a la agente, o se tirará a chanta, bajo la idea "que la rescate Tucán"? ¿Podrá salvarse al mundo de las dos botellas de Goliat concentrado que aún no fueron destruidas? Sin lugar a dudas, la amenaza rusa aún está en pie, y es el deber de cada uno de los ciudadanos estar pendiente de la quinta parte de esta historia, que será próximamente publicada por Hermanos Bladimir.
Pero mirá qué copados que somos: Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte. Todo a sólo un click de distancia.
Uno de los rusos venía directamente hacia mí. Tuve que dejar la vigilia y acurrucarme contra un extremo para que el ruso no notara mi presencia al esconderse en el mismo bote en el que yo estaba. Ahora sin poder ver nada, me dediqué a escuchar. Afuera todo era silencio, hasta que se escucharon pasos de lo que parecía una mujer con tacos llevando un maletín con el símbolo $ grabado en él; seguidos de una voz de dama.
- Bien, hagamos esto rápido. Creo que algunos pasajeros sospechan algo.
- No tan rápido, -replicó una voz con acento ruso- uno de nuestros compañeros ha desaparecido, y no intercambiaremos nada hasta no saber qué le ha pasado. No sería justo hacer como si nada ocurriera y repartirnos el dinero suyo... Bueno, pero que sea rápido.
- ¿Traen el armamento? -preguntó la mujer.
- Véalo usted misma, cuente las botellas si quiere. ¿Y el dinero?
- Cuéntelo usted mismo.
Durante un momento sólo se escuchó el ruido de monedas en movimiento, hasta que este sonido se detuvo fríamente.
- ¡Esta moneda es falsa! ¡Todas las monedas son falsas! ¡Y este maletín también es falso!
- No se muevan, o les disparo -dijo la voz de Tucán Sin Alas- y además ese razonamiento es una falacia de generalización inductiva. ¡Lo ví en Pensamiento Científico!
- Tirren vuestrras arrmas -interrrrumpió el rrrruso que estaba a mi lado, saliendo del bote.
- Alto -intervine apuntándole a su cabeza.
- Bonus Track, queda detenido -dijo una voz a mis espaldas.
Me volví y allí estaba el mismísimo Sherlock Holmes.
- Ya descubrí quién fue el responsable de la tapadura del inodoro. -se regocijó- ¿Pensaste que podías escaparle a mi ingenio?
- Arroje su arma -dijo entonces la mujer de cabello rojo y nariz prominente-. Que ya no soy sólo un extra.
- Hey, chicos, ¿qué pasa? -dijo Nicolás Repetto, haciéndose presente en la escena- ¿El intercambio no era dentro de dos horas?
- Bah, Nicolás, no tendrías que haber atrasado el reloj. -dijo Tucán Sin Alas- Pero, ¿no deberías estar cuidando al ruso?
- ¡Uh, el ruso! -recordó Repetto.
- Acá estoy -dijo una nueva voz rusa.
- Esperen, -interrumpió la mujer- digan que no salga nadie más, que ya somos como veinte en cubierta y no cabemos.
- ¿Veinte? Nahh, a ver, repasemos: la agente encubierta, Tucán Sin Alas, los tres rusos, Bonus Track, Sherlock Holmes, la pelirroja, Nicolás Repetto, otro ruso más... ¿me falta alguien?
- ¿Y vos?
- Ah, qué boludo... ¿y yo quién soy?
De pronto uno de los rusos tomó una de las botellas de Goliat lima-limón, la destapó y colocó el pico en el cuello de la agente, sosteniéndola con su otro brazo.
- ¡Que todos retrocedan! -bramó- ¡Aquí hay suficiente Goliat como para destrozar el mundo! ¡Aléjense o ella muere!
Pero lo peor ya había ocurrido. El piso había quedado manchado con algunas gotas de gaseosa, y no tardó en oradarse lo suficiente como para desestabilizar el barco. Todo comenzó a sacudirse. Cinco de los rusos se subieron rápidamente a un bote salvavidas, con la valija de monedas. Claro que el bote estaba agujereado y se hundieron al instante. Nicolás Repetto entró en pánico.
- ¡El barco se hunde, hay que liberar peso! -gritó, agarrándose la cabeza.
- ¡Las mujeres y los niños primero! -intervino Tucán, agarrándose un pie.
La mujer pelirroja, en plena histeria, tomó otra de las botellas y la destapó.
- ¡Esto es demasiado para mí! ¡Tendría que haberme quedado con mi papel secundario! -pronunció antes de beber inmoladoramente y explotar.
- ¡Tenemos que salir de acá! -le dije al capitán. - ¡No tenemos mucho tiempo!
- No me grites, boludo, que te tengo al lado. Y acá somos seis, y sólo hay tres paracaídas.
- Yo no puedo morir, -dijo el ruso- porque soy el protagonista de los malos. ¡Y además canté pri!
- Yo no puedo morir -me apuré a decir- porque soy el que escribió esta historia. A propósito, ¿tres paracaídas nada más, en todo el barco? ¡Qué rata!
- Yo tampoco me puedo morir, -terció Repetto- porque... eh... como sea, fue un gusto tenerlos a bordo -se resignó-.
- Yo no me tiro -dijo el inglés-. En Inglaterra tenemos los mejores barcos y sólo un inglés puede manejar bien.
- Yo no me tiro -dijo el ruso-. En Rusia tenemos el frío, y sólo un ruso sabe cómo sobrevivir en invierno.
- Estamos en argentina -remató el argentino Tucán-. Porque asomé la mano y alguien me afanó el reloj.
El ruso tomó uno de los paracaídas y, sin soltar a su rehén, saltó del barco. Comenzó a caer hacia el agua, pero rápidamente se abrió su mochila y el ruso tomó altura, hasta perderse en el horizonte.
- ¡Es imprescindible que la salve! -gritó Tucán-. ¡Su seguro de vida ni a palos cubre esto!
Desenfundó una botella de Goliat, tomó un paracaídas y saltó. Descendió unos centímetros, pero pronto tomó vuelo con el paracaídas y desapareció entre las nubes.
- Este caso me va a llevar a la gloria -limó Sherlock Holmes, quien le arrebató a Nicolás Repetto la tercera mochila y saltó.
- ¡Ése era el último! -desesperé-. Necesito ir con ellos.
- No te preocupes, acá está el paracaídas -canchereó Nicolás, mientras Holmes fracasaba en su huida, hundiéndose-. Ese inglesito de cuarta acaba de saltar con mi mochila... ¡Uh, no, mi mochila! ¡Tengo mis puchos ahí adentro! -y corrió hacia el agua.
- Esperá, -intenté detenerlo- no te podés ir, sos el capitán, sería una falta de repetto.
Pero ya había saltado, y no tardó en sumergirse.
El barco ya estaba totalmente dañado. Todos los pasajeros comenzaban a salir trabajosamente a la cubierta, y jadeantes se dirigían, algunos, hacia mí y hacia el último paracaídas de la nave. Allí estaba el gran y temible armamento avanzado, las siete botellas de un litro de Goliát lima-limón diet concentrada. El armamento estaba donde debía estar, pensé; una vez hundido, el agua y los restos del barco, como también los pasajeros, amortiguarían la eventual explosión. Tomé el último paracaídas, y caminé hasta el borde del barco, ajustándome el equipo. Muchas personas morirían en los próximos minutos, no cabía duda. Pero cuántas personas habrían muerto si aquella carga inflamable, en lugar de destruirse en el océano, hubiera quedado en las manos equivocadas. Di un paso hacia adelante y tiré de la pequeña soga. El paracaídas se abrió y pronto comencé a elevarme. Fue un éxito costoso, pero un éxito al fin. Voltee y ya nada pude ver del barco. Tan sólo pude oir un bramido del agua, quien se quejaba ruidosamente de tanta violencia y crueldad humana. Sólo quedaba pensar en las costas de Londres, y en mi propia paga.
¿Habrá terminado la historia, o será éste el principio del fin, o acaso el fin del principio? ¿Podrá Bonus Track rescatar a la agente, o se tirará a chanta, bajo la idea "que la rescate Tucán"? ¿Podrá salvarse al mundo de las dos botellas de Goliat concentrado que aún no fueron destruidas? Sin lugar a dudas, la amenaza rusa aún está en pie, y es el deber de cada uno de los ciudadanos estar pendiente de la quinta parte de esta historia, que será próximamente publicada por Hermanos Bladimir.
El Detective Bonus Track presenta: Embotellamiento Crucial [Tercera Parte]
En el capítulo anterior:
Dale, leete las dos primeras partes (Primera Parte y Segunda Parte). Dale. Bueno, está bien, el detective Bonus Track, a bordo de un barco conducido por Nicolás Repetto, deberá encargarse de impedir que cualquier obstáculo interfiera en el heroico plan de confiscar cierto armamento a una poderosísima mafia rusa. Él y sus compañeros de la justicia, entre ellos el barman Tucán Sin Alas, tendrán que estar más que listos para el gran intercambio, que se llevará a cabo en tan sólo horas.
Fue una noche difícil, en la que no pude pegar un ojo. En todo momento se me venía a la mente que me estaba perdiendo el programa de Rial, y que a nadie le había dicho de grabarlo. Oficio complicado el de un detective.
Me levanté temprano, y salí a cubierta. No sería tan agradable durante el intercambio. Ahora, en cambio, había un espléndido sol, y algunas personas se paseaban felices. De repente recordé algo fundamental, por primera vez me había levantado antes del mediodía, y debía apurarme si no quería perder mi desayuno.
- Disculpe, Mademoiselle, ¿qué hora es? -interrogué a una mujer de cabello rojo y nariz prominente.
- Sólo soy un extra, y no me pagan por hablar. Ya se lo había dicho.
- Sí, ya me acuerdo... Y dígame, ¿no le interesaría hacer un papel más protagónico?
El desayuno consistía en unas tostadas secas con mermelada untable marca Dulciora. Oficio realmente complicado el de un detective. Como de repente ya no tenía más hambre, fui directo hacia la cabina. Nicolás Repetto me recibió alegremente.
- A pesar de todo lo que está por pasar, Bonus, estoy de buen humor. Nada es mejor que empezar el día con una buena tostada crocante y con una buena Dulciora. ¿Cómo van los preparativos?
- Nuestra única esperanza a esta altura es que los preparativos de los rusos estén peor. Necesitamos saber cuándo vamos a desembarcar en Londres, aproximadamente.
- A ver, Moreno, Morón, Tres de Febrero... sí, yo creo que a las 2 de la mañana vamos a estar llegando.
- Ah, y nos vas a tener que dar una mano en la misión. Al parecer, mi compañero Tucán Sin Alas pudo identificar a uno de los mafiosos, y tiene pensado adormecerlo en la cena con alguna infusión. Quisiéramos que te hagas cargo de él cuando Tucán esté tomando parte en el operativo.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Yo creo que estarías bien conduciendo un preguntas y respuestas por el 13.
- Sabés que me lo había planteado... pero dale, ¿qué hago con el tipo dormido?
- Traelo a la cabina y vigilalo, -repuse- si se despierta retenelo de alguna forma, es importante que no participe del intercambio, estaríamos en desventaja con los números. Ellos son cerca de seis, y nosotros ni sabemos contar.
- Bueno, haré lo que pueda.
- Y otra cosa, por hoy nada de alcohol.
Dicho esto, le vacié sus dos botellas en la rejilla de la cabina y luego me las llevé con las pocas gotas que aún quedaban en ellas. Un buen detective siempre sabe -absolutamente siempre- que un par de envases venidos de arriba significan varios centavos de descuento en los chinos.
Si bien, para no levantar sospechas, se suponía que no iba a volver a encontrarme con Tucán Sin Alas hasta la medianoche, éste no tardó en pedirme ayuda en relación a la infusión adormecedora. Me dijo que, con la excusa de estar limpiando el bar, fuera observando qué bebidas podrían ser usadas para la elaboración de tal poción. Más tarde me pareció que en realidad, con la excusa de observar los posibles ingredientes, me usó para limpiar su mugroso bar.
Mi tarde consistió básicamente en seleccionar los elementos que podrían llegar a tener cualidades somníferas, mezclarlos en distintas proporciones y oler las soluciones que iban resultando. Y cada solución resultaba ser un problema. Varias veces pensé en usar los restos de la mermelada Dulciora, y siempre terminaba convenciéndome a mí mismo de lo preferible que sería conservar al mafioso con vida y no muerto. Una y otra vez iba dándole de probar a la mascota de una anciana francesa las distintas bebidas que iban surgiendo. El gato llegó a estar verde, llegó a vomitar, incluso le salió otra pata cuando le di un jugoso chicle de Bubaloo disuelto en agua de mar, pero nunca se dormía. De a poco se fue haciendo tarde, y la reiteración de fracasos comenzó a ponernos nerviosos. Cuando se hizo la hora de cenar, todas nuestras esperanzas estaban en la improvisación de mi compañero, el barman.
Me senté en una mesa alejada de la barra, pegada a una esquina opuesta. Estaba nervioso, nuestro plan era sin duda más incompleto que secundaria de vedette. Aún no sabía qué haría si el mafioso identificado no resultaba dormido, yo por las dudas llevaba bajo mi chaqueta mi fiel pistola. Ya no había vuelta atrás.
La situación era alarmante. El ruso había pedido como toda bebida una botella de agua sin gas, y Tucán Sin Alas le había alcanzado una jarra con contenido violeta oscuro burbujeante. Cuando dio su primer sorbo, comenzó a toser y fue corriendo a cubierta. Yo me puse eventualmente de pie y lo seguí. Afuera no había nadie, sólo él, vomitando hacia el océano, y yo, sin saber exactamente qué hacer. Me puse cerca suyo y, para lograr empatía, fingí también estar vomitando.
- Esa cena estaba horrible -insinué.
- Sabía que hoy me esperaba un intercambio, pero ni pensé en esta devolución.
- Y dígame, por casualidad, ¿no siente sueño?
- Oiga, ¿qué es lo que usted quiere de mí?
Atrás suyo apareció Tucán Sin Alas, quien le dio un certero golpe en la nuca. El ruso cayó desmayado, y pronto lo trasladamos, entre los dos, a la cabina de Nicolás. Éste prometió hacerse cargo de vigilarlo y atrasó el reloj de la habitación varias horas para que, en caso de despertar, el ruso pensara que aún no era tiempo del intercambio. Y, como ya se acercaban las 12, me escondí dentro de un bote salvavidas y aguardé a que se hiciera la hora.
Desde el interior del oscuro bote podía observar toda la superficie de la cubierta, pero dejaba una parte de mi cabeza a la vista, así que preferí hacer un agujero en la madera con mi cuchilla de bolsillo y poder ocultarme de mejor modo. Desde allí observé los primeros movimientos de la noche.
Aún faltaba para las doce cuando unos cinco hombres de aspecto ruso salieron y se dijeron algunas palabras en voz baja. Luego cada uno fue para un lado distinto, a excepción de dos que permanecieron donde estaban. Los otros se escondían en los lugares más recónditos del navío. Uno detrás de una caja de frutas, otro en un rincón al que la luz simplemente no llegaba, y otro venía directamente hacia mí.
Continúa en la próxima nota.
Dale, leete las dos primeras partes (Primera Parte y Segunda Parte). Dale. Bueno, está bien, el detective Bonus Track, a bordo de un barco conducido por Nicolás Repetto, deberá encargarse de impedir que cualquier obstáculo interfiera en el heroico plan de confiscar cierto armamento a una poderosísima mafia rusa. Él y sus compañeros de la justicia, entre ellos el barman Tucán Sin Alas, tendrán que estar más que listos para el gran intercambio, que se llevará a cabo en tan sólo horas.
Fue una noche difícil, en la que no pude pegar un ojo. En todo momento se me venía a la mente que me estaba perdiendo el programa de Rial, y que a nadie le había dicho de grabarlo. Oficio complicado el de un detective.
Me levanté temprano, y salí a cubierta. No sería tan agradable durante el intercambio. Ahora, en cambio, había un espléndido sol, y algunas personas se paseaban felices. De repente recordé algo fundamental, por primera vez me había levantado antes del mediodía, y debía apurarme si no quería perder mi desayuno.
- Disculpe, Mademoiselle, ¿qué hora es? -interrogué a una mujer de cabello rojo y nariz prominente.
- Sólo soy un extra, y no me pagan por hablar. Ya se lo había dicho.
- Sí, ya me acuerdo... Y dígame, ¿no le interesaría hacer un papel más protagónico?
El desayuno consistía en unas tostadas secas con mermelada untable marca Dulciora. Oficio realmente complicado el de un detective. Como de repente ya no tenía más hambre, fui directo hacia la cabina. Nicolás Repetto me recibió alegremente.
- A pesar de todo lo que está por pasar, Bonus, estoy de buen humor. Nada es mejor que empezar el día con una buena tostada crocante y con una buena Dulciora. ¿Cómo van los preparativos?
- Nuestra única esperanza a esta altura es que los preparativos de los rusos estén peor. Necesitamos saber cuándo vamos a desembarcar en Londres, aproximadamente.
- A ver, Moreno, Morón, Tres de Febrero... sí, yo creo que a las 2 de la mañana vamos a estar llegando.
- Ah, y nos vas a tener que dar una mano en la misión. Al parecer, mi compañero Tucán Sin Alas pudo identificar a uno de los mafiosos, y tiene pensado adormecerlo en la cena con alguna infusión. Quisiéramos que te hagas cargo de él cuando Tucán esté tomando parte en el operativo.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Yo creo que estarías bien conduciendo un preguntas y respuestas por el 13.
- Sabés que me lo había planteado... pero dale, ¿qué hago con el tipo dormido?
- Traelo a la cabina y vigilalo, -repuse- si se despierta retenelo de alguna forma, es importante que no participe del intercambio, estaríamos en desventaja con los números. Ellos son cerca de seis, y nosotros ni sabemos contar.
- Bueno, haré lo que pueda.
- Y otra cosa, por hoy nada de alcohol.
Dicho esto, le vacié sus dos botellas en la rejilla de la cabina y luego me las llevé con las pocas gotas que aún quedaban en ellas. Un buen detective siempre sabe -absolutamente siempre- que un par de envases venidos de arriba significan varios centavos de descuento en los chinos.
Si bien, para no levantar sospechas, se suponía que no iba a volver a encontrarme con Tucán Sin Alas hasta la medianoche, éste no tardó en pedirme ayuda en relación a la infusión adormecedora. Me dijo que, con la excusa de estar limpiando el bar, fuera observando qué bebidas podrían ser usadas para la elaboración de tal poción. Más tarde me pareció que en realidad, con la excusa de observar los posibles ingredientes, me usó para limpiar su mugroso bar.
Mi tarde consistió básicamente en seleccionar los elementos que podrían llegar a tener cualidades somníferas, mezclarlos en distintas proporciones y oler las soluciones que iban resultando. Y cada solución resultaba ser un problema. Varias veces pensé en usar los restos de la mermelada Dulciora, y siempre terminaba convenciéndome a mí mismo de lo preferible que sería conservar al mafioso con vida y no muerto. Una y otra vez iba dándole de probar a la mascota de una anciana francesa las distintas bebidas que iban surgiendo. El gato llegó a estar verde, llegó a vomitar, incluso le salió otra pata cuando le di un jugoso chicle de Bubaloo disuelto en agua de mar, pero nunca se dormía. De a poco se fue haciendo tarde, y la reiteración de fracasos comenzó a ponernos nerviosos. Cuando se hizo la hora de cenar, todas nuestras esperanzas estaban en la improvisación de mi compañero, el barman.
Me senté en una mesa alejada de la barra, pegada a una esquina opuesta. Estaba nervioso, nuestro plan era sin duda más incompleto que secundaria de vedette. Aún no sabía qué haría si el mafioso identificado no resultaba dormido, yo por las dudas llevaba bajo mi chaqueta mi fiel pistola. Ya no había vuelta atrás.
La situación era alarmante. El ruso había pedido como toda bebida una botella de agua sin gas, y Tucán Sin Alas le había alcanzado una jarra con contenido violeta oscuro burbujeante. Cuando dio su primer sorbo, comenzó a toser y fue corriendo a cubierta. Yo me puse eventualmente de pie y lo seguí. Afuera no había nadie, sólo él, vomitando hacia el océano, y yo, sin saber exactamente qué hacer. Me puse cerca suyo y, para lograr empatía, fingí también estar vomitando.
- Esa cena estaba horrible -insinué.
- Sabía que hoy me esperaba un intercambio, pero ni pensé en esta devolución.
- Y dígame, por casualidad, ¿no siente sueño?
- Oiga, ¿qué es lo que usted quiere de mí?
Atrás suyo apareció Tucán Sin Alas, quien le dio un certero golpe en la nuca. El ruso cayó desmayado, y pronto lo trasladamos, entre los dos, a la cabina de Nicolás. Éste prometió hacerse cargo de vigilarlo y atrasó el reloj de la habitación varias horas para que, en caso de despertar, el ruso pensara que aún no era tiempo del intercambio. Y, como ya se acercaban las 12, me escondí dentro de un bote salvavidas y aguardé a que se hiciera la hora.
Desde el interior del oscuro bote podía observar toda la superficie de la cubierta, pero dejaba una parte de mi cabeza a la vista, así que preferí hacer un agujero en la madera con mi cuchilla de bolsillo y poder ocultarme de mejor modo. Desde allí observé los primeros movimientos de la noche.
Aún faltaba para las doce cuando unos cinco hombres de aspecto ruso salieron y se dijeron algunas palabras en voz baja. Luego cada uno fue para un lado distinto, a excepción de dos que permanecieron donde estaban. Los otros se escondían en los lugares más recónditos del navío. Uno detrás de una caja de frutas, otro en un rincón al que la luz simplemente no llegaba, y otro venía directamente hacia mí.
Continúa en la próxima nota.
martes, 6 de enero de 2009
El Detective Bonus Track presenta: Embotellamiento Crucial [Segunda Parte]
En el capítulo anterior:
El detective Bonus Track ha tomado un misterioso barco que lo conduciría hacia las misteriosas costas de París, misteriosamente. Un intercambio de armamento moderno tendría lugar a bordo, entre una mafia y fuerzas justicieras. Con el apoyo del barman Tucán Sin Alas, y la búsqueda de su orgullo, Bonus Track deberá encargarse de que todo salga bien. Y si querés entenderlo mejor, leete la primera parte, que no es tan larga, rata.
Salí a cubierta a tomar aire y ponerme en contacto con los pasajeros. Mis instintos de detective me dijeron rápidamente quiénes, a juzgar por sus rostros, no tenían intenciones buenas. Me llamó particularmente la atención una dama de cabello rojo y nariz prominente.
- Dígame, mademoiselle, ¿de dónde es usted?
- Déjeme en paz, sólo soy un extra, y no me pagan por hablar.
Intenté con uno de bigotes.
- ¿Usted también es un extra?
Cuando respondió descubrí que no sabía nada de francés, y que el curso que había hecho cuatro años atrás era más básico que el hidróxido de sodio. Sin embargo, me llamó la atención el acento del hombre, que denotaba influencias rusas, y también me llamó la atención un marinero, porque yo le estaba pisoteando unas flores de decoración.
Después probé suerte con un hombre de boina roja.
- ¿De dónde es usted?
- De España. Por cierto, ¿sabes quién tapó el retrete? Vengo del baño y es una inmundicia. Más que un barco, esto es un garco.
- No, ni idea -mentí-. En realidad casos más importantes me traen aquí.
- Sí, en este barco todo el mundo habla de lo mismo, cosas importantes, misiones secretas...
Habló durante varios minutos, pero pronto me encontré harto de su lenguaje español. A la tercera vez que dijo "vosotros" lo mandé a tomar por culo. Recordé que me quedaba pendiente una charla con el capitán del barco, así que fui hacia la cabina.
Cuando entré advertí, horrorizado, que el capitán era Nicolás Repetto. Al parecer estaba en la mala. Mal afeitado, gordo, aliento a vino. Vino berreta. Él habló primero.
- Ah, man, ¿te encargás un cacho de esto? Llevo más de dos días seguidos frente al timón.
- En realidad lo buscaba por otra cosa. Algo grande está por pasar en su navío.
- ¿Mi qué?
- Navío. Nave, barco.
- Ah, decí barco, boludo.
- Se... va a haber un intercambio entre dos grupos. No estoy autorizado para decirle cuándo. Por cierto, Bonus Track, mucho gusto.
- Nico. ¿Qué es lo que se intercambia?
- Armamento avanzado. Botellas de Goliat lima-limón concentrada. Diet.
- ¡Santo Dios!
- Así es. La idea es comprarlo con dinero falso, para luego destruir la mercadería.
- Pero, ¿es necesario hacer el intercambio a bordo? Mirá que si algo pasa y el barco se hunde yo me hundo con él... ¿No ves que estoy atado?
- Sí, pero si se hunde el argumento de esta historia nos hundimos todos. Lo único que tiene que hacer por el momento es cambiar el rumbo, hacia Londres.
- ¡Jamás haría tal cosa!
- ¿Y si te doy mi postre de hoy?
- Hecho.
Al día siguiente decidí pasar por el bar a poner al tanto de la investigación a Tucán Sin Alas. Le hablé sobre el capitán, sobre el hombre de boina y la mujer narigona, le mencioné al francés de bigotes. Cuando vio lo poco que había progresado, no tardó en mandarme a cagar.
Fui al baño y pronto identifiqué, con cierta sorpresa, a Sherlock Holmes, quien miraba con curiosidad a su alrededor. Imaginé que estaría también involucrado en mi mismo caso, e inicié una ocasional conversación.
- Con que creado por Arthur Conan Doyle...
- Qué va a ser, ¿no? -dijo despreocupado mientras tomaba algunas medidas.
- Veo que está investigando algún caso. Resulta que yo también estoy con un caso, y me preguntaba si no se trataría del mismo caso.
- ¡Ya deje de decir caso!
- Disculpe, no me haga caso. De todos modos, ¿qué lo trae por aquí?
- El capitán me dijo que si averiguaba quién había tapado el inodoro me daba algunos vales para el almuerzo.
- Pero estás tirado -observé-.
- Bah, no es lo mismo sin mi fiel ayudante Watson. Necesito conseguir un mulo urgente.
- Eh, sí, yo me voy, suerte con tu investigación. Cualquier cosa, mi nombre es Bonus Track, preguntá por mí.
- ¿Por mí?
- Ese chiste no tiene sentido.
- Bueno, al menos lo intento -se resignó-.
Lo dejé allí, tomando medidas. Mientras intentaba decidir si convenía conservar mi orgullo o adquirir unos vales, me crucé con un pasajero de actitud sospechosa. Su ropa era rusa, su bonete también era ruso, y su acompañante era Miguel Ángel Russo. Nah, mentira, un chiste. A veces es bueno distender un poco. En fin, decidí interceptarlo. Le sugerí que yo había sido enviado para colaborar con el proyecto ruso, y que debía contactarme con él. Me dijo que debía enviarle currículum, por lo que ya me di por descartado.
El jueves me encontró con muy pocos avances en la investigación, y con un último encuentro con Tucán Sin Alas en el vagón comedor... del barco.
- Estamos muy preocupados, Track, las cosas han progresado muy poco y el intercambio es mañana.
- ¿Qué queda hacer hasta entonces? -pregunté.
- Va a ser un día bastante movido, vos tenés que encargarte de conseguir a alguien para que colabore con nosotros, al parecer ellos son más de cinco, contando al arquero. Y también comunicate con el capitán, debemos saber a cuánto estamos de la costa de Londres.
- Bueno, entonces nos vemos directamente en el operativo.
- Así es, esperemos que todo salga bien. ¿Te dije que tengo acciones en Ciudad del Lago?
- Ah.
¿Será posible para Bonus Track conseguir la completa confiscación de armas? ¿Será la tercera parte de esta historia menos pobre que la segunda? Las respuestas a todas estas preguntas están en la tercera entrega, sólo por Hermanos Bladimir.
PD: sólo resolvió tres vocablos, en el palabras cruzadas. Y dos estaban mal.
El detective Bonus Track ha tomado un misterioso barco que lo conduciría hacia las misteriosas costas de París, misteriosamente. Un intercambio de armamento moderno tendría lugar a bordo, entre una mafia y fuerzas justicieras. Con el apoyo del barman Tucán Sin Alas, y la búsqueda de su orgullo, Bonus Track deberá encargarse de que todo salga bien. Y si querés entenderlo mejor, leete la primera parte, que no es tan larga, rata.
Salí a cubierta a tomar aire y ponerme en contacto con los pasajeros. Mis instintos de detective me dijeron rápidamente quiénes, a juzgar por sus rostros, no tenían intenciones buenas. Me llamó particularmente la atención una dama de cabello rojo y nariz prominente.
- Dígame, mademoiselle, ¿de dónde es usted?
- Déjeme en paz, sólo soy un extra, y no me pagan por hablar.
Intenté con uno de bigotes.
- ¿Usted también es un extra?
Cuando respondió descubrí que no sabía nada de francés, y que el curso que había hecho cuatro años atrás era más básico que el hidróxido de sodio. Sin embargo, me llamó la atención el acento del hombre, que denotaba influencias rusas, y también me llamó la atención un marinero, porque yo le estaba pisoteando unas flores de decoración.
Después probé suerte con un hombre de boina roja.
- ¿De dónde es usted?
- De España. Por cierto, ¿sabes quién tapó el retrete? Vengo del baño y es una inmundicia. Más que un barco, esto es un garco.
- No, ni idea -mentí-. En realidad casos más importantes me traen aquí.
- Sí, en este barco todo el mundo habla de lo mismo, cosas importantes, misiones secretas...
Habló durante varios minutos, pero pronto me encontré harto de su lenguaje español. A la tercera vez que dijo "vosotros" lo mandé a tomar por culo. Recordé que me quedaba pendiente una charla con el capitán del barco, así que fui hacia la cabina.
Cuando entré advertí, horrorizado, que el capitán era Nicolás Repetto. Al parecer estaba en la mala. Mal afeitado, gordo, aliento a vino. Vino berreta. Él habló primero.
- Ah, man, ¿te encargás un cacho de esto? Llevo más de dos días seguidos frente al timón.
- En realidad lo buscaba por otra cosa. Algo grande está por pasar en su navío.
- ¿Mi qué?
- Navío. Nave, barco.
- Ah, decí barco, boludo.
- Se... va a haber un intercambio entre dos grupos. No estoy autorizado para decirle cuándo. Por cierto, Bonus Track, mucho gusto.
- Nico. ¿Qué es lo que se intercambia?
- Armamento avanzado. Botellas de Goliat lima-limón concentrada. Diet.
- ¡Santo Dios!
- Así es. La idea es comprarlo con dinero falso, para luego destruir la mercadería.
- Pero, ¿es necesario hacer el intercambio a bordo? Mirá que si algo pasa y el barco se hunde yo me hundo con él... ¿No ves que estoy atado?
- Sí, pero si se hunde el argumento de esta historia nos hundimos todos. Lo único que tiene que hacer por el momento es cambiar el rumbo, hacia Londres.
- ¡Jamás haría tal cosa!
- ¿Y si te doy mi postre de hoy?
- Hecho.
Al día siguiente decidí pasar por el bar a poner al tanto de la investigación a Tucán Sin Alas. Le hablé sobre el capitán, sobre el hombre de boina y la mujer narigona, le mencioné al francés de bigotes. Cuando vio lo poco que había progresado, no tardó en mandarme a cagar.
Fui al baño y pronto identifiqué, con cierta sorpresa, a Sherlock Holmes, quien miraba con curiosidad a su alrededor. Imaginé que estaría también involucrado en mi mismo caso, e inicié una ocasional conversación.
- Con que creado por Arthur Conan Doyle...
- Qué va a ser, ¿no? -dijo despreocupado mientras tomaba algunas medidas.
- Veo que está investigando algún caso. Resulta que yo también estoy con un caso, y me preguntaba si no se trataría del mismo caso.
- ¡Ya deje de decir caso!
- Disculpe, no me haga caso. De todos modos, ¿qué lo trae por aquí?
- El capitán me dijo que si averiguaba quién había tapado el inodoro me daba algunos vales para el almuerzo.
- Pero estás tirado -observé-.
- Bah, no es lo mismo sin mi fiel ayudante Watson. Necesito conseguir un mulo urgente.
- Eh, sí, yo me voy, suerte con tu investigación. Cualquier cosa, mi nombre es Bonus Track, preguntá por mí.
- ¿Por mí?
- Ese chiste no tiene sentido.
- Bueno, al menos lo intento -se resignó-.
Lo dejé allí, tomando medidas. Mientras intentaba decidir si convenía conservar mi orgullo o adquirir unos vales, me crucé con un pasajero de actitud sospechosa. Su ropa era rusa, su bonete también era ruso, y su acompañante era Miguel Ángel Russo. Nah, mentira, un chiste. A veces es bueno distender un poco. En fin, decidí interceptarlo. Le sugerí que yo había sido enviado para colaborar con el proyecto ruso, y que debía contactarme con él. Me dijo que debía enviarle currículum, por lo que ya me di por descartado.
El jueves me encontró con muy pocos avances en la investigación, y con un último encuentro con Tucán Sin Alas en el vagón comedor... del barco.
- Estamos muy preocupados, Track, las cosas han progresado muy poco y el intercambio es mañana.
- ¿Qué queda hacer hasta entonces? -pregunté.
- Va a ser un día bastante movido, vos tenés que encargarte de conseguir a alguien para que colabore con nosotros, al parecer ellos son más de cinco, contando al arquero. Y también comunicate con el capitán, debemos saber a cuánto estamos de la costa de Londres.
- Bueno, entonces nos vemos directamente en el operativo.
- Así es, esperemos que todo salga bien. ¿Te dije que tengo acciones en Ciudad del Lago?
- Ah.
¿Será posible para Bonus Track conseguir la completa confiscación de armas? ¿Será la tercera parte de esta historia menos pobre que la segunda? Las respuestas a todas estas preguntas están en la tercera entrega, sólo por Hermanos Bladimir.
PD: sólo resolvió tres vocablos, en el palabras cruzadas. Y dos estaban mal.
domingo, 28 de septiembre de 2008
El Detective Bonus Track presenta: Embotellamiento Crucial [Primera Parte]
Martes, 23 de diciembre. 8:30 p.m.. Día lluvioso. Bajón de salchichas con mostaza en mi apartamento. El teléfono suena.
¿Hola? Sí, el mismo... Ahá... Laura, ¿otra vez? Yo creía que ése era un caso cerrado! Ahá... A ver... Especifique los detalles. Sí... Está bien... Sí, sí, estoy dispuesto a más que eso... ¿Cuál sería la paga? Ahhh... ¡Imposible! Prefiero seguir con Dial up a 56 kb..
Frustrado colgué la bocina del comunicador.
Miré la hora rápidamente. Ya eran las 11... Sí, la pelotuda era tartamuda. Mientras meditaba por qué contrataban tartamudos y por qué llamaban a esas horas de la noche escuché un ruido en la puerta. Un papel se deslizaba por debajo de ella. Pensé en mi mensajero personal. Acudí rápidamente y abrí la puerta. No había ninguna señal de él, pero lo que sí, la pared estaba recién meada. No cabía duda de ello.
Leí la nota de inmediato:
No atiendas a la tartamuda, que te va a cagar con la banda ancha.
El barco sale a las 12:00.
El pájaro ha vuelto al nido.
Si vas a los chinos, traé un PuréChef.
Me fui. Mañana tengo la maratón de Carrefour.
Ahh, y sory por el cloro.
En la nota se adjuntaba el boleto del barco. Tomé mi abrigo, mi revólver, una salchicha y partí (no a la salchicha).
Paré un camello-taxi, y nos dirigimos al puerto.
Estacionamos en la parte trasera del puerto. Ahí donde están los restaurantes. Ya habiendo cenado en mi apartamento, sólo me dispuse a buscar mi embarcación. Saldría de las plataformas 56 a 62. Y se anunciaría a Rosario, aunque yo fuera a París. En ese instante, mi reloj marcó las 12:06. Como adelantaba 9 minutos, todavía estaba a tiempo.
Al abordar, el coordinador de la tripulación me dijo en perfecto español: "El monsieur desea el Guaymallén de chocolate o de fruta?" Como era evidente que se trataba de un viaje largo, tomé el de fruta, decidido. Luego comprendería mi equivocación.
Salvo por una tormenta eventual, el viaje era tranquilo. Ya estaba acostumbrándome a la paz marítima, cuando al quinto día recibí una carta de mi mensajero en Buenos Aires. El cartero llegó en bote y partió. No le dí propina.
El tucán sin alas es el contacto.
Él sabrá darte explicaciones.
PD: la maratón una mierda, estaba arreglada. Igual ligué remera.
Si bien sabía que descifrar el mensaje no sería tarea fácil, me sentía preparado para ello, así que comencé la búsqueda. Como no había pegado onda con nadie, fui al bar para pensar un rato. Tomé asiento y el cantinero se hizo presente:
- Un whisky y un palabras cruzadas, por favor.
- Primera vez que viaja?
- Un whisky y un palabras cruzadas.
- Ahh, sí. Todos en este barco se hacen los rudos...
- Tiene razón, disculpe, es el trabajo que me tiene mal. Bonus Track, mucho gusto.
- Tucán Sin Alas, es un placer.
Agradecido con las circunstancias, le expliqué el motivo de mi largo viaje.
- Tu misión -explicaba Tucán- es colaborar con la confiscación de armas de destrucción masiva que están actualmente en manos de mafiosos franceses. Los contactamos fingiendo querer comprarles la mercadería. La transacción se llevará a cabo el viernes a medianoche entre dos de los mafiosos y nuestra agente encubierta.
- ¿En dónde?
- En cubierta. El problema es que les vamos a pagar con dinero falso, y hay grandes probabilidades de que lo noten. Para que te des una idea, son todas monedas de 50c de ésas que se les borra el 5.
- Sí, hasta los del subte se dan cuenta... ¿Cuál es el armamento que se compra?
- Diez botellas de Goliat lima-limón diet concentrada. Esperemos que sea una noche tranquila, un mal clima puede llegar a hacer de este operativo una catástrofe.
- Sólo la peor malicia humana puede construir semejante cosa. ¿Cuál es nuestro plan?
- En realidad no es nuestro, lo robamos de una peli yanqui que pasaron por canal 9. Era malísima, pero nos divertimos porque el protagonista tenía la voz de Homero. La cosa es así, mientras los dos mafiosos y la agente nuestra están haciendo el intercambio, vos vas a estar escondido cerca del escenario, si ves que se arma bardo saltás en ayuda de ella. Yo voy a estar por ahí también, controlando si ellos están solos o también traman lo suyo. Sería bueno que le eches un vistazo a la tripulación, a ver qué averiguás.
- De acuerdo, ahora mismo empezaré la investigación. Y en la semana hablaré con el capitán y veré qué puede hacer para ayudarnos.
- Convencelo de que cambie el rumbo del barco, si llegamos a Londres podemos conseguir refuerzos, mientras que en Francia van a estar esperando los suyos. Además, siempre quise ajustar mi reloj con la hora del Big Ben.
- Bien, mañana te cuento cómo va todo.
- Hey, pagame el whisky.
- Restalo de mi paga.
¿Podrá nuestro héroe acabar con el caos? ¿Podrá vencer a su archienemigo, El Pingüino?
Y en cuanto a Bonus Track, ¿Podrá resolver el palabras cruzadas? Para mí que no.
No se pierda la segunda entrega, sólo por Hermanos Bladimir.
¿Hola? Sí, el mismo... Ahá... Laura, ¿otra vez? Yo creía que ése era un caso cerrado! Ahá... A ver... Especifique los detalles. Sí... Está bien... Sí, sí, estoy dispuesto a más que eso... ¿Cuál sería la paga? Ahhh... ¡Imposible! Prefiero seguir con Dial up a 56 kb..
Frustrado colgué la bocina del comunicador.
Miré la hora rápidamente. Ya eran las 11... Sí, la pelotuda era tartamuda. Mientras meditaba por qué contrataban tartamudos y por qué llamaban a esas horas de la noche escuché un ruido en la puerta. Un papel se deslizaba por debajo de ella. Pensé en mi mensajero personal. Acudí rápidamente y abrí la puerta. No había ninguna señal de él, pero lo que sí, la pared estaba recién meada. No cabía duda de ello.
Leí la nota de inmediato:
No atiendas a la tartamuda, que te va a cagar con la banda ancha.
El barco sale a las 12:00.
El pájaro ha vuelto al nido.
Si vas a los chinos, traé un PuréChef.
Me fui. Mañana tengo la maratón de Carrefour.
Ahh, y sory por el cloro.
En la nota se adjuntaba el boleto del barco. Tomé mi abrigo, mi revólver, una salchicha y partí (no a la salchicha).
Paré un camello-taxi, y nos dirigimos al puerto.
Estacionamos en la parte trasera del puerto. Ahí donde están los restaurantes. Ya habiendo cenado en mi apartamento, sólo me dispuse a buscar mi embarcación. Saldría de las plataformas 56 a 62. Y se anunciaría a Rosario, aunque yo fuera a París. En ese instante, mi reloj marcó las 12:06. Como adelantaba 9 minutos, todavía estaba a tiempo.
Al abordar, el coordinador de la tripulación me dijo en perfecto español: "El monsieur desea el Guaymallén de chocolate o de fruta?" Como era evidente que se trataba de un viaje largo, tomé el de fruta, decidido. Luego comprendería mi equivocación.
Salvo por una tormenta eventual, el viaje era tranquilo. Ya estaba acostumbrándome a la paz marítima, cuando al quinto día recibí una carta de mi mensajero en Buenos Aires. El cartero llegó en bote y partió. No le dí propina.
El tucán sin alas es el contacto.
Él sabrá darte explicaciones.
PD: la maratón una mierda, estaba arreglada. Igual ligué remera.
Si bien sabía que descifrar el mensaje no sería tarea fácil, me sentía preparado para ello, así que comencé la búsqueda. Como no había pegado onda con nadie, fui al bar para pensar un rato. Tomé asiento y el cantinero se hizo presente:
- Un whisky y un palabras cruzadas, por favor.
- Primera vez que viaja?
- Un whisky y un palabras cruzadas.
- Ahh, sí. Todos en este barco se hacen los rudos...
- Tiene razón, disculpe, es el trabajo que me tiene mal. Bonus Track, mucho gusto.
- Tucán Sin Alas, es un placer.
Agradecido con las circunstancias, le expliqué el motivo de mi largo viaje.
- Tu misión -explicaba Tucán- es colaborar con la confiscación de armas de destrucción masiva que están actualmente en manos de mafiosos franceses. Los contactamos fingiendo querer comprarles la mercadería. La transacción se llevará a cabo el viernes a medianoche entre dos de los mafiosos y nuestra agente encubierta.
- ¿En dónde?
- En cubierta. El problema es que les vamos a pagar con dinero falso, y hay grandes probabilidades de que lo noten. Para que te des una idea, son todas monedas de 50c de ésas que se les borra el 5.
- Sí, hasta los del subte se dan cuenta... ¿Cuál es el armamento que se compra?
- Diez botellas de Goliat lima-limón diet concentrada. Esperemos que sea una noche tranquila, un mal clima puede llegar a hacer de este operativo una catástrofe.
- Sólo la peor malicia humana puede construir semejante cosa. ¿Cuál es nuestro plan?
- En realidad no es nuestro, lo robamos de una peli yanqui que pasaron por canal 9. Era malísima, pero nos divertimos porque el protagonista tenía la voz de Homero. La cosa es así, mientras los dos mafiosos y la agente nuestra están haciendo el intercambio, vos vas a estar escondido cerca del escenario, si ves que se arma bardo saltás en ayuda de ella. Yo voy a estar por ahí también, controlando si ellos están solos o también traman lo suyo. Sería bueno que le eches un vistazo a la tripulación, a ver qué averiguás.
- De acuerdo, ahora mismo empezaré la investigación. Y en la semana hablaré con el capitán y veré qué puede hacer para ayudarnos.
- Convencelo de que cambie el rumbo del barco, si llegamos a Londres podemos conseguir refuerzos, mientras que en Francia van a estar esperando los suyos. Además, siempre quise ajustar mi reloj con la hora del Big Ben.
- Bien, mañana te cuento cómo va todo.
- Hey, pagame el whisky.
- Restalo de mi paga.
¿Podrá nuestro héroe acabar con el caos? ¿Podrá vencer a su archienemigo, El Pingüino?
Y en cuanto a Bonus Track, ¿Podrá resolver el palabras cruzadas? Para mí que no.
No se pierda la segunda entrega, sólo por Hermanos Bladimir.
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